lunes, 22 de marzo de 2010

Si yo fuera silla

Si tuviera que ser una silla… Um, no sé… Sigo sin cogerlo; bueno, mientras pienso qué silla sería, diré mis ``opciones descartadas.´´

Desde luego, no sería la silla de un rey, porque estarían sentado encima mía todo el rato, además, la vida de silla de rey aburre un poco, luego te vas cansando y al final…


A ver… Tampoco sería la silla de un chiringuito, porque huele mucho a pescado, aunque comparándolo con lo de la silla del rey, es más entretenido.

Tampoco sería el asiento de una biblioteca, algunos libros podrían ser interesantes, ya, pero también cansa los típicos ``ssssssssssssssssssssh´´ de las personas que leen.

Bueno, tampoco me gustaría ser una silla del dentista, porque igual que en una silla de biblioteca se oye ``ssssssssssssssh´´, en la de un dentista se oye ``AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH´´.

¿Cuántas opciones habré descartado ya? No sé, pero el caso es que sigo son decidirme. Bueno, ¿qué tal si fuera la silla en la que yo me estoy sentando para escribir esta redacción? Pero, si me convierto en ese asiento, ¿quién escribirá la redacción?

¡Ah, ya sé! ¡Una silla del cine! Así podré ver todas las pelis que yo quiera, ¡y gratis! Pero, si las sillas no tienen ojos, ¿qué sentido tiene ser butaca de cine, o de biblioteca? Y si no tienen oídos, ¿para qué sirve ser la silla del rey o del dentista? No sé, no sé…

José Mª Ruíz

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